martes, 20 de septiembre de 2016

TECNOLOGÍA EDUCATIVA COMO FACTOR DE DESARROLLO EN LOS PAISES. REALIDAD O UTOPÍA.



En el mundo actual y evolutivo, alcanzar el sueño de una sociedad justa y equitativa resulta imprescindible forjar sus bases en la educación, lo cual conllevará a formar futuras generaciones preparadas y dispuestas a disminuir los límites de la ignorancia y aumentar la capacidad para resolver los problemas que le aquejan.
Un mejor estilo de vida puede lograrse en un país que esté dispuesto a cambiar sus horizontes, encaminado  en tener en sus centros educativos profesionales capaces de crear sed por el conocimiento y de formar una sociedad  de líderes que puedan innovar y transformar el rumbo del propósito humano.
Es a través de la inmersión y uso de las NTICS (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación) en las aulas, que el proceso de enseñanza-aprendizaje se dinamiza y vitaliza para combatir aspectos negativos, que tanto han contribuido en la formación de estudiantes con mentes pasivas, poco amantes de la innovación, con poca curiosidad e iniciativa de superación personal y social.
El desarrollo social e integral de una nación y de un país como se mencionó anteriormente debe fijar sus cimientos en brindar una educación digna e integral, la cual este directamente ligada con el uso de herramientas tecnológicas adecuadas y de primera calidad, brindando a nuestras presentes y futuras generaciones  posibilidades de formarse en centros educativos que cuenten con todas las garantías de infraestructura física y tecnológica que permitan la formación de ciudadanos integrales capaces de aportar positivamente con el desarrollo de una nación.
Si pretendemos alcanzar esta ambiciosa meta debemos voltear nuestra mirada hacía los programas de control que tienen una estrecha y reduccionista visión de la educación, determinando si ésta es de “calidad” o no, o si una institución educativa es “buena o mala” de acuerdo a un índice sintético de calidad educativa, pregonando un culto a la eficacia donde la enseñanza se reduce a una rutina práctica, a una especie de maquinaria educativa que sería más productiva sí se tienen en cuenta los conceptos de personas que si bien tienen algo que decir sobre la enseñanza, resultan profesionales “obreros”, que desde sus escritorios hacen las veces de clarividentes, pues sin haber tenido observaciones de los ambientes en las aulas  en donde los profesores generan el quehacer diario de sus clases, dan consejos de mejoramiento sin tener en cuenta las fortalezas ni las debilidades de cada uno de los implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

En conclusión si pretendemos fijar el rumbo y desarrollo de un país teniendo como uno de los referentes el uso de las tecnologías en el proceso educativo, es necesario echar un vistazo a la realidad de muchas por no decir la mayoría de las instituciones educativas de las naciones en particular las instituciones educativas de nuestra nación. Es preocupante y más que preocupante triste,  ver como los estudiantes reciben sus clases en condiciones deplorables, en ambientes que para nada son dignos y que obviamente no cumplen con los mínimos requerimientos  para impartir una educación de calidad capaz de transformar la realidad social de nuestro país.  Pretender subsanar las deficiencias del sistema con algunos “regalos tecnológicos”, como son (tablets y computadores), que por cierto se encuentran en un estado de funcionamiento  deficiente. En primer lugar deberíamos priorizar sobre las infinitas necesidades educativas, brindando  un acceso a redes eléctricas antes de dar regalos que por necesidades tan obvias como la falta del fluido eléctrico serán inoficiosas e inútiles, antes de brindar acceso a internet deberían ofrecer talleres y capacitaciones para que nuestros niños adquieran hábitos de uso responsable y mesurado frente a esta herramienta. 
Es entonces tarea de nosotros los docentes formadores de presentes y futuras generaciones  con postura crítica, evidenciar cambios  capaces de transformar el aula, escuela o acto de enseñanza a través del ejercicio investigativo, dejando de lado el rol mediador pasivo que nos ha impuesto el sistema; de esta manera la investigación educativa  como posibilitadora de construcción de conocimiento ha de ser un instrumento para comprender el mundo complejo de la escuela lo que conlleva a dirigir procesos reales de transformación no solo de las prácticas pedagógicas sino de las prácticas sociales inmersas en la escuela, favoreciendo la evolución del conocimiento y mitigando los efectos de la desigualdad social.

   

BIBLIOGRAFÍA

         EISNER, Elliot. (1990). El ojo ilustrado: indagación cualitativa y mejora de la práctica educativa. Barcelona: Prentice Hall.
         SALVÁ, N. (SF). “Investigación Educativa. Información instrucional”.



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